Manuel Periáñez_____________________________________________________manuelperianez1940@gmail.com

   
 


 

 

 

 

Cristóbal Colón y el delírio de redondez

 

Sobre el posible papel de los senos de la mujer en el descubrimiento de América

Intervención ante el Congreso Nacional de Antropología, Mérida (Venezuela), 30 de Mayo — 4 de Junio 1998.
Traducido del francés por Marina Ginestà
(« Christophe Colomb et le délire de rotondité»).


 

"La femme n’a encore été que peu et mal étudiée", Gustave Flaubert, Bouvard et Pecuchet

Resumen

Sigmund Freud se apartó de la antropología física como de la neurología para poder descubrir el psicoanálisis. Pero volviendo hacia atrás, el método analítico permite formular una serie de hipótesis acerca de uno de los enigmas más ignorados de la anatomía humana, el enigma de los senos de la mujer. Estos no son necesarios para amamantar, ni para seducir. Donde las teorías etológicas y neo-behavioristas fallan en explicar su función, el psicoanálisis permite el concebirlos como una imitación postnatal del placenta, que permite albergar el recién-nacido humano muy prematuro como lo hacen las madres canguros mediante su bolsa marsupial. Este dispositivo anatómico hace posible un juego de decantación del Yo y lo no-Yo entre el bebé y su madre, juego que me parece fundamental en la psicogenésis humana, a tal punto que resulta tautológico el formular que los senos son únicamente humanos porque son indispensables para la hominización. Esta función de " marsupialidad humana " confiere a los senos y al regazo de la madre, que los Griegos llamaban el kolpos, la calidad de objeto pre-transitorio según la teoría conocida de D. W. Winnicott. Las particularidades de las figuras de la Loba romana y de Mickey Mouse parecen ser argumentos en pro de esta teoría.

Cristóbal Colón y los grandes exploradores triunfaron en su desafío porque se atrevieron a navegar rumbo a " la nada " que empezaba al borde del mundo plano desde el cual hubieran debido caerse, según la concepción dominante de su época… La certeza inconsciente de la existencia de una redondez fundamental, la del kolpos materno, debe haber jugado un papel en su asombrosa confianza en la redondez del planeta, como parece indicarlo el proprio Colón cuando compara la Tierra a un seno de mujer.

___________________________________________________________________________

 

En su tercer viaje, en 1498, cuando alcanzó el delta del Orinoco y pudo constatar la importancia de la corriente de agua dulce penetrando profundamente en el mar, Cristóbal Colón dedujo que había alcanzado la tierra firme : Esta gigantesca masa de agua dulce tenía que proceder de altísimas montañas lejanas de la desembocadura del río. Colón, aquí, efectúa una deducción muy correcta, a la altura del navegante y geógrafo experimentado que había llegado a ser. Pero, de regreso a su base de La Española, escribe a los Reyes Católicos, a propósito de este nuevo descubrimiento, una carta extraordinaria anunciándoles nada menos que había localizado el Paraíso Terrenal.

Según ciertos especialistas de Colón, aunque viendo el Orinoco se creyó en el Ganges, esta carta constituye su primera manifestación teórica hecha de la existencia de un Continente nuevo a mitad camino entre lo que llamaba las Indias y Europa, lo que no era delirante en absoluto. En fin de cuentas, expone Colón, la tierra no es perfectamente redonda sino que más bien tiene la forma de un seno de mujer, el Paraíso situándose, naturalmente, lo mismo que la fuente imaginaria del Orinoco, en lo alto del pezón de este seno-mundo. Este " delirio de redondez ", creo yo, va igualmente en el sentido de un fecundo desarrollo teórico si nos avenimos a leerlo a la luz de la teoría psicoanalítica. Me permitirán Vdes. citar el mismo Cristóbal Colón :

" Yo siempre leí qu’el mundo, tierra e agua era esperico en las auctoridades y experençias que Ptolomeo y todos los otros qu’escrivieron d’este sitio davan e amostraban para ello, así por ecclipses de la luna y otras demostraçiones que hacen del Oriente fasta Occidente como de la elevaçión del polo de Septentrión en Austro. Agora vi tanta disformidad como ya dice ; y por esto me puse a tener esto del mundo, y fallé que no era redondo en la forma qu’escriven, salvo que es de la forma de una pera, que sea toda muy redonda, salvo allí donde tiene el peçon que allí tiene más alto, o como quien tiene una pelota muy redonda y en un lugar d’ella fuesse como una teta de muger allí puesta, y qu’esta parte d’este peçon sea la más alta o más propinca al cielo, y sea debaxo la línea equinoçial, y en esta mar Oçeana, en fin del Oriente (llamo yo fin de Oriente adonde acaba toda la tierra e islas). […] Y agora entre tanto que vengan a notiçia d’esto d’estas tierras que hagora nuebamente e descubierto, en que tengo assentado en el ánimo que allí es el Paraíso Terrenal, irá el Adelantado con tres navíos bien atraviados para ello, a ver más adelante, y descubrirán todo lo que pudieran hazia aquellas partes ".(1)

Esta asombrosa geografía fechada en la Alta Edad Media muestra una coherencia sagaz del sistema mental de Colón que vivía en una época donde lo normal era siempre ubicar en el mapa la posición del Paraíso Terrenal. En la época actual, el psicoanálisis freudiano integrando nuestra cultura, esta carta de Cristóbal Colón puede admitir otra lectura, la que hace el objeto de mi intervención aquí, una lectura de antropología psicoanalítica cuyas raíces son una serie de hipótesis sobre la función ignorada del seno de la mujer, serie de hipótesis que he tenido el privilegio de poder presentar a mi maestro y amigo Georges Devereux (2) poco antes de su muerte en 1985, y en la cual trabajo actualmente en vista de su publicación. Debo resumir brevemente lo esencial de estas hipótesis (3), antes de proponer a Vdes. una interpretación de la carta de Colón.

 

EL ENIGMA DE LOS SENOS

Los senos de la mujer constituyen un enigma anatómico puesto que, para meramente amamantar, los senos no son necesarios ; en esto, modestas glándulas mamarias han siempre sido suficientes para todos los mamíferos hembras. Diferenciándose de los otros mamíferos, solo las mujeres tienen senos, estos hemisferios permanentes sobre el tórax, sumamente apreciados en el placer sexual de nuestra cultura, pero que carecen de una explicación científica satisfactoria respecto a su número, a su forma y a su función. Ni que decir tiene que estos senos permanentes que por añadidura se desarrollan antes de la primera fecundación, (un fenómeno desconocido entre todas las otras hembras primates) debe necesariamente dedicarse a otro cometido que el amamantamiento.

Sin embargo, este enigma no parece interesar a nadie. El hecho que las mujeres son en este terreno un fenómeno único asombra a veces el interlocutor, el cual se refiere inmediatamente a los supuestos senos de las vacas, de las cabras, de las sirenas o los de las hembras antropoides para evitarse de ver la inmensidad milenaria de esta laguna. Igualmente para evitarse la conciencia que los senos de la mujer son principalmente signos sociosexuales (la seducción del hombre siendo el solo papel fácilmente imaginable de los senos, tras el del amamantamiento).

De aquí nace la violencia de ciertas feministas contra este órgano que, por su forma misma y con una espléndida libertad, atrae los hombres y transforma las mujeres en objetos sexuales, a pesar de lo que algunas de ellas emprenden para apartarse de este arcaísmo, gracias a verdaderas hazañas culturales e intelectuales : En su libro-manifiesto El segundo sexo Simone de Beauvoir no temerá escribir que " los senos, las nalgas, una mujer puede proceder a su ablación en cualquier época de su vida sin el menor inconveniente "…

Sin embargo, si la función de los senos no es solamente la del amamantamiento ya que las hembras del reino animal, pese al modesto volumen de sus glándulas mamarias, lactan sus crías tan bien y a veces mejor que las mujeres, tampoco su papel parece que sea el de la seducción amorosa como lo han propuesto los etólogos encabezados por Desmond Morris.

Los senos son lejos de ser el único enigma presente en la forma anatómica humana. Durante toda su vida el famoso antropólogo francés André Leroi-Gourhan se apasionó por el problema de los dedos del pié no-oponible de los primeros seres humanos. ¿ Como, sin transición conocida, y desde el principio de la erección bípeda, los dedos del pié oponibles de los cuadrúmanos han pasado a ser no-oponibles en los seres bípedos ? Leroi-Gourhan no ha llegado a proponer hipótesis alguna acerca de este enigma, por cierto mucho más fundamental que el cambio de tetas por senos. La posible función del lóbulo de la oreja es igualmente un misterio completo. ¿ Y porqué el escroto humano sigue siendo externo, a pesar del bipedismo humano, exponiendo el hombre a la castración durante los combates, la caza, numerosas labores tan peligrosas para los testículos como la conquista del caballo hace más de 50.000 años ? (los Tigres, en cambio, usan de un sistema retráctil en caso de peligro, sus testículos van protegidos en el interior del abdomen). Y, a propósito de testículos, ¿ por qué el recién nacido humano masculino aparece en este mundo con órganos genitales de tamaño desproporcionado, cuyo uso funcional no tendrá lugar más que quince años más tarde ? He aquí otros casos de enigmas que considero apasionantes y que atañen igualmente la anatomía visible externa, la forma humana. Sin duda alguna, los fisiólogos conocen cantidad de enigmas semejantes que conciernen las vísceras y el interior del cuerpo, tales como nuestro apéndice, las amígdalas y otros órganos considerados inútiles — y que quizás son suprimidos con demasiada facilidad.

Sigmund Freud, tras veinticinco años de microscopio, se apartó de esta vieja anatomía demasiado fácil, y en aquel tiempo fácilmente racista. Esta ruptura con la anatomía visible le era indispensable para encararse con el inconsciente. Y más tarde rompió igualmente con la hipnosis para encontrar el psicoanálisis.

Hoy día el psicoanálisis siendo a su vez centenario, debería mirar hacia atrás, hacia la vieja anatomía, e intentar colmar algunos de estos vacíos científicos tan olvidados.

 

CRÍTICA DE LA ETÓLOGIA Y DE LA ANTROPOLOGÍA FÍSICA

Delante estas enigmas anatómicas, la reacción usual de etólogos como Desmond Morris parece ser de encontrarles una función erótica. Como para el lóbulo de la oreja, Morris considera que la forma especial de los senos humanos se debe a la evolución de la seducción sexual (la perdida de la señal de la vulva multicolor de los primates habría conducido, en el momento de la estación erecta, la aparición de signos frontales sugiriendo las nalgas (cf. The naked ape, 1967). Helen Fisher, por su parte, va más allá de esta teoría detallando todos los placeres unidos a los pezones y las areolas que son, de su punto de vista, un objeto anatómico puramente sexual (The sex contract, 1982). A mi entender, aquí Fisher niega un placer erótico del amamantamiento, sin duda todavía escándaloso en los Estados Unidos, que siguen puritanos a pesar de su Presidente actual. Yo critico Morris y Fisher, excelentes antropólogos pero poco etnólogos : la etnografía de las modalidades de la vida sexual (según la obra de Ford y Beach en 1952 sobre 190 áreas culturales) no selecciona más de una docena de ellas (particularmente la nuestra) en que la teoría de Morris se justifica. En centenares de otras culturas, los senos no son símbolos sexuales. Es más, son a veces sujetos a un tabú sexual. El erotismo inconsciente entre la madre y el niño de pecho, así preservado del mundo sexual adulto, es admitido donde quiera, por lo menos tácitamente. Retengo de Morris y Fisher la importante idea de un desplazamiento (de una imitación anatómica de otros órganos) pero, a mi entender, el proceso de hominización tiene suficiente peso para que deba buscarse otra función, más adaptada a una justa explicación del invento revolucionario de los senos humanos, tal como lo pedía ya Heinrich Ploss en los años 1884 (Das Weib, cap. 8). La muy importante idea de Weston La Barre (El animal Humano, 1946) de una interdomesticación de los cuerpos respectivos por el deseo de cada uno de los dos sexos contenía ya la futura visión de Fisher a un nivel teórico más alto (el pene humano, tan extraordinario como los senos, sería desde este punto de vista una autentica victoria del feminismo en un millón de años : erguido, su forma es únicamente explicable por el placer sexual de la mujer).

Entretanto, antropólogos puros y duros (mayormente americanos e ingleses) continúan a construirse hipótesis, solos en su terreno privado, aislados de nuestras " ciencias blandas " gracias a su caparazón neo-behaviourista. Pero no tienen gran cosa que proponernos, los senos de la Ciencia siendo muy lacónicos. El articulo de 1987 de T.M. Caro (" Human Breasts, Unsupported Hypotesis Reviewed ", Human Evolution, vol. 2 n° 3, 271-282) constata a este respecto que la " idea evidente " que los senos actúan como signos sexuales (Gallup, Wickler, Morris) no puede ser científicamente demostrada. Por añadidura, reprochan a la hipótesis de Morris el que no dé una explicación de la variabilidad del tamaño de los senos humanos (¿por qué signos tan diferentes serían enviados ?) Como lo indica su titulo, el articulo pasa entonces revista a las siguientes hipótesis, no sostenidas todavía :

  • Los senos se comportan como disparadores del comportamiento sexual masculino (Morris, Eibl-Eibesfeldt, Campbell, Short) ;
  • Permiten a las mujeres el esconder su estado reproductivo para evitar una sexualidad excesiva (Smith, Hinde, Simons, Turke) ;
  • Permiten al niño mamar apoyado en la cadera de la madre (Leblanc & Barnes).

En cuanto al volumen de los senos humanos, senos opulentos serian un indicador :

  • De potencial lactógeno (Hitten) ;
  • De la capacidad de las madres de investir los hijos (Cant) ;
  • De la fecundidad de las madres (Gallup, Flashall, Frisch) ;
  • De la longevidad de las madres (Clutton & Brock).

Algunas hipótesis, más raras, se interesan a la localización, a la forma y al número de los senos humanos. El estudio de T.M. Caro concluye que este dominio es, momentáneamente, demasiado complejo por el hecho que los senos podrían igualmente presentar, para su poseedora, beneficios secundarios muy personales, fuera del campo de la selección natural : " por ejemplo, pueden ocasionalmente servir de protección a los niños " , o también " proceden como alitas de enfriamiento aumentando el cociente entre superficie y volumen del cuerpo ".

La temperatura del cuerpo de los varones, dispuesto para el esfuerzo muscular, ¿ seria tanto más baja que pudieran ellos pasarse de estas alitas de enfriamiento ?

 

EL KOLPOS

Desde mi propio punto de vista, la auténtica función antropológica de los senos no parece comprensible si no se tiene en cuenta el hecho, bien simple sin embargo, que los senos son dos, delimitando así una zona, la del entre-senos (en griego kolpos, que también significa golfo). Este entre-senos constituye, junto con los dos senos, una zona maternante del cuerpo de la mujer tradicionalmente llamada regazo (giron, bosom, boezem, etc., en otras lenguas europeas) o " el seno " al singular, en el sentido de " en el seno de " : el sinus latino indicaba este entre-seno y no los dos promontorios que lo lindan.

Es por cierto una manía de los psicoanalistas de hablar siempre del seno al singular, mientras que Freud vacilaba aquí entre el singular y el plural. Es con Melanie Klein que el seno singular triunfa, por el hecho que ella se coloca francamente en el universo oral (una sola boca, un solo seno, alternativamente bueno o malo). D.W. Winnicott, más sutil, se preguntó hacia el fin de su vida si, para el bebé, hay un seno o más bien dos : " (…) Can you tell me whether a baby fed at two breats knows of two, or is this at first a reduplication of one ? " (Home is where we start from, p. 64). Y el ve aquí la posible fuente de las matemáticas (lo que nos acerca de Cristóbal Colón ante el Orinoco y de todos los grandes descubridores que no habrían nunca llegado a serlo sin una buena dosis de megalomanía...

A mi entender, el kolpos, que por su dureza contrasta con la blandura " simpática " de sus dos globos vecinos, tranquiliza el bebé enroscado al cuerpo de su madre, en el sentido que la fusión simbólica con el cuerpo materno no irá más lejos : las nuevas experiencias del recién-nacido con sus límites y los de la madre no le amenazarán de fusión o hundimiento en una nueva vida intrauterina, y esto, gracias a la resistencia del entre-senos. Esta solidez de la madre completa el " holding " de Winnicott y permite al bebé hacer frente a la regresión en el espacio de transición sin temor de caer en el " interior de la madre " (en el interior de su realidad psíquica) como propuesto por Francis Pasche acerca de la distinción entre realidad psíquica y material, gracias a la metáfora del seno-balcón que permite sin temor asomarse sobre el vacío. La seguridad creada por la madre queda así simbolizada a la vez por la blandura de los senos (la ternura) y la solidez del entre-senos.

 

LA MARSUPIALIDAD

Es aquí donde adelanto una teoría inspirada de los canguros acerca de la función central de esta zona-de-la-madre : su función verdadera me parece análoga a la de la bolsa marsupial, un lugar en el que el bebé humano encuentra un " taller de acabado " extra-uterino que le permite comenzar a desarrollar su acción activa en el mundo exterior. La forma de aspecto hemisférico así como la blandura del seno pudiendo comprenderse como un recuerdo postnatal del placenta, el cual era para el feto en la vida intrauterina el primer esquema de una futura relación de objeto, esto me lleva a pretender que hay una " marsupialidad humana " .

En su caverna uterina el feto no estaba solo, había " alguien más " , una entidad potente, ruidosa, tan grande como él, que le protegía filtrando lo que le pertenecía y lo que era de su madre, y que acogía sus movimientos adaptándose a su forma sin pedir nada en cambio, en resumen, que aceptaba " todo " de él. El placenta por lo tanto constituye un pre-esquema primitivo de la relación de objeto.

Es después de su heroica salida a la luz del día que el ex-feto hará una experiencia, quizás traumática, la experiencia de la complejidad. Según Rank, el " traumatismo del nacimiento " es el de la separación y de la perdida del Paraíso de la vida intrauterina ; yo considero que hoy día queda probado por los progresos de la natalogía, que dicho " Paraíso " no es más que una idea preconcebida, como lo demuestra el hecho que el feto, este pequeño Cristóbal Colón, igualmente lucha por nacer, se muestra activo en el momento del alumbramiento. Si reconoce gran parte de las percepciones de la vida intrauterina en este mundo nuevo que es un más-allá de la madre, otra parte no menos considerable es enteramente nueva para él, comenzando por la vista de formas concretas, mientras que en el interior de la caverna uterina el placenta era informe (cf. el pasaje de la categoría de lo informe a lo formado en el libro de Lévi-Strauss La potière jalouse). Sobrepasado por los estímulos que lo solicitan presentemente, el recién-nacido humano sufre de una inmensa tensión.

Yo sostengo por lo tanto que la forma muy especial de los senos humanos está destinada a proporcionar un punto de referencia temporal y no-visual a este explorador principiante : su contacto se parece mucho al de su viejo amigo el placenta. Sin embargo, algunas diferencias señalan el cambio de época. Este compañero nuevo que aparece hoy a la luz posee su propia forma visual, forma que pierde si se le empuja, pero que se restablece luego indefectiblemente. El seno, contrariamente al placenta, parece tener carácter propio. Es mucho más un objeto. Y hay dos.

El bebé ¿ creerá que esta soñando cuando descubre que el placenta, este otro si-mismo de los orígenes le ha acompañado en el viaje, y que se ha convertido en seno, como él mismo ha sido cambiado por su nacimiento, que este amigo fiel tiene a su vez un compañero fiel que le parece absolutamente mucho más que no se parecen los tres juntos ? Quizás fuera esta interrogación la que presentía Winnicott (op.cit.).

El primer ambiente, el del regazo de la madre, no tiene solo por función, como lo piensan los kleinianos, la de ofrecer al recién nacido su alimentación (lo que un biberón puede hacer igualmente), pero sobre todo, y es aquí lo esencial de la contribución de Winnicott, el de ofrecerle un terreno de juegos donde pueda empezar a decantarse psíquicamente, gracias a la elaboración de la simbiosis primera en dos " objetos " : Yo y no-Yo. Freud había particularmente observado que los juegos del recién nacido con el seno muestran una serie de planos :

  • La manita del bebé destruye la curva del seno, deformándolo ;
  • Esta destrucción se anula en el momento que la manita se retira (" en que suelta " dice Freud) ;
  • La curva inicial se restablece plenamente.

Esta serie de planos de la " curva indestructible perfecta ", como podríamos llamarla, se colocaría al origen del sentimiento de seguridad indispensable para progresar hacia el objeto de transición de Winnicott (cuyo carácter destacado, pequeño, manoseable al antojo, constituye la siguiente revolución, comparada a la marsupialidad del regazo). Supongo que esto también se puede llamar una Gestalt, según la teoría bastante olvidada de la escuela alemana de psicología. Esta función más o menos marsupial de los senos, basándose sobre su inercia y su ausencia de musculatura, que los coloca fuera del control del Yo de la madre, me parece tan importante que yo veo en ella la razón primordial de este relleno, de esta ausencia de músculos, del éxito de esta chapuza anatómica particular en el proceso de antropización a partir de estos elementos previos : las glándulas mamarias y el placenta.

 

LA LOBA CAPITOLINA Y EL MICKEY MOUSE

Aquí me dirán Vdes. que esta teoría marsupial está tan poco demostrada como las de los científicos behavioristas ya citados, y tendrán mucha razón. Llamaré para mi defensa a la Loba de Roma y a el Mickey Mouse.

Símbolo de la ciudad de Roma, la Loba del Capitolio con los niños Rómulus y Remus, es mundialmente celebre. ¡ Nadie parece haber notado tampoco que las verdaderas lobas que amamantan no lucen tan considerables tetas ! Si esta loba posee manifiestamente senos humanos es porque la supervivencia de los mellizos, que, según la leyenda, había adoptado, sería impensable si estos bebés hubieran sido criados como lobitos, si no hubieran sido maternados con mamas antropomorfas (convertidas en senos humanos), permitiéndoles el juego fundamental de la decantación entre el Yo y lo no-Yo. Quizás podríamos tener aquí cierta presciencia de las causas del autismo en los pretendidos " niños-lobos " y una conjuración o prevención inconsciente del maltrato por abandono. Y los senos constituyen también una señal a distancia de la madre, reafirmando su presencia a pesar de la separación corporal (y ahí me comporto yo mismo un poco como etólogo).

Otra confirmación, aún más precisa que la de la loba, de la importancia primordial del papel de los dos senos en la psicogénesis del niño humano es, a mi entender el éxito mundial del personaje de Mickey Mouse. Desde hace más de sesenta años este éxito no se desmiente entre los niños de todas las culturas. Las orejas de este personaje no son nunca mostradas de perfil, permanecen siempre bien redondas cualquiera que sea su postura. Para que esto sea posible, estas orejas deben corresponder a dos esferas. Estas constituyen un poderoso recuerdo de los senos maternos, en el momento en que el niño pequeño abandona el objeto transitorio real, admitiendo la representación plana de la imagen del dibujo (siendo ella, a su vez, una etapa de la adquisición de la abstracción y de la escritura). Esta " regresión " hacia un ideal esférico de la forma primitiva del objeto transitorio, el seno, es necesaria como simbolización de la protección que ofrece el objeto bueno interiorizado para poder " salir " y hacer frente a las aventuras de la realidad social.

La silueta de la cabeza y de las orejas de Mickey se interpreta fácilmente como la proyección de la imagen del niño, coronado por los senos de la madre que lo mantiene junto a ella ; fantasía bajo cuya protección puede él vivir sus experiencias de la " realidad real " y que podrían constituir un esbozo materno del Superyó (el cual en la teoría de Freud es paterno, heredero de la voz fustigadora del padre). Si el conjunto senos-kolpos, el regazo de la madre, aparece como un objeto pre-transitorio completando las ideas de D.W. Winnicott, Mickey entonces también sería algo como un objeto post-transitorio. Esta fantasía de un ser autónomo, porque coronado por los senos maternos representando el Superyó, emana de la experiencia de la mamada donde los ojos de la madre son equivalentes de sus senos. Y nos encontramos con Morris otra vez, puesto que la función erótica del lóbulo de la oreja que él cree ver, bien pudiera ser ligada a un desplazamiento inconsciente del papel marsupial de los senos a otras redondeces mellizas tales los ojos, las orejas, las mejillas y los pómulos, y de manera más sorprendente, las rodillas (Devereux insistía en la importancia del erotismo de las rodillas en la Antigüedad Griega).

Mis hipótesis psicoanalíticas continúan entonces naturalmente con el lazo, que se hace evidente, entre los senos, los ojos y la hipnosis. El poder de la hipnosis ya es menos misterioso : es basado en el papel primordial de la mirada de la madre, papel acerca del cual Winnicott ha muy justamente insistido, y que nos conduce hacia los fundamentos de la hipnosis en la marsupialidad… Hipnosis que tiene gran ligazón, en la obra de Freud, con lo que él llama " la sobrestimación inicial del objeto sexual ", une magnificación que se encuentra nuevamente en el sentimiento de deslumbramiento estético, y recordemos aquí que para Freud el problema filosófico de la belleza se resuelve en un desplazamiento de la atracción primaria por los órganos sexuales mismos hacia los " caracteres sexuales secundarios ", ya menos prohibidos por el Superyó, tales los senos (o los bigotes)...

En este punto, mis hipótesis se terminan por consideraciones sobre la relación terapéutica psicoanalítica como teatralización simbólica de la relación marsupial con el benévolo kolpos, a través una unión teórica con las ideas desarrolladas por François Roustang sobre el elemento hipnótico residual del psicoanálisis, y eso a pesar del abandono de la hipnosis por Freud desde el año 1900.

 

FLUCTUACIONES DE LOS SENOS SEGÚN LAS CULTURAS

Volviendo de nuevo a la etnología, puede pensarse que la diferencia entre las culturas que sexualizan los senos y las que prefieren ignorarlos a este respecto va más o menos a la par entre, por un lado, las " sociedades calientes " , por otro, las " sociedades frías " de las que habla Levi-Strauss. Estas últimas, los pueblos sin escritura donde casi nada cambia durante siglos, habían organizado la " realidad " en una forma tan repetidamente serena que funcionaba como el " kolpos-mundo " de la relación simbiótica de tipo marsupial. Nuestras sociedades " calientes ", con cambio sociotécnico rápido, son tan perturbadoras que inconscientemente pedimos a los senos de las mujeres que tomen nuevamente aquel poder marsupial que poseían en los primeros meses de nuestra vida, poder garante de la seguridad y la tranquilidad, lo cual desplazamos en la sexualidad. La sexualidad misma tiende a ser un refugio anti-stress, un retorno a las fuentes narcísicas y un retorno a la simplicidad natural que perdemos cada día más. Sin embargo, el hecho que los senos de las mujeres-amantes, en gran parte de los pueblos sin escritura, no tengan ningún papel en la sexualidad madura (cf. Ford y Beach, 1952, ya citados) no significa que no exista entre ellos, en individuos de edad más adulta, una nostalgia de los senos de las mujeres-madres y, en consecuencia, una ternura efectiva o una apreciación estética positiva hacia este atributo femenino. El mito M29 de los Sherente de Amazonas, en Le cru et le cuit de Lévi-Strauss es, sobre este punto, una ilustración emblemática :

" Antaño no había mujeres ; los hombres eran homosexuales. Un día, cazando en la selva, descubrieron una mujer encaramada en lo alto de un árbol. Se la pelearon y acabaron por romperla a pedazos. Cada hombre se llevó por su cuenta un pedazo de mujer y volvieron a la caza. Al día siguiente, al regreso, una mujer estaba ante cada una de sus chozas, cada hombre tenia una mujer. Una de ellas era bonita : era la que provenía del pecho de la mujer original ".

(resumen del mito M29).

En nuestras sociedades " calientes " occidentales, las mujeres jóvenes desean conservar el mayor tiempo posible senos firmes que les den una silueta altiva, de preferencia sin artificio alguno : En las playas estivales de senos desnudos las más favorecidas muestran la prueba de esta victoria contra las leyes de la gravedad. Temen, con razón, la ptósis del seno de la mujer madura. Las normas de belleza de un grupo cultural Papú en Nueva Guinea proponen exactamente lo contrario : Lo que es bello, es poder ostentar los senos colgantes de la mujer multipara, prueba fehaciente de su fecundidad. La belleza de los senos colgantes de mujer que ha vivido existe también entre los Guró de la Costa de Marfil, donde las mujeres se estiran mutuamente los senos para estar en condiciones de casarse. En Australia, entre los aborígenes estudiados por Róheim, el tamaño de los senos es supuesto ser la prueba de la potencia sexual del marido, cosa altamente valorizada. Aquel a quien le toca una mujer de busto poco desarrollado se ve rápidamente desconsiderado (los senos de su compañera, haga lo que haga su conyugue, no obedeciendo forzosamente a esta creencia dominante, la cual hace del pene una varilla mágica). Por otra parte, Róheim describe como, entre estos mismos aborígenes, se permite a los niños jugar con los senos de todas las mujeres (Geza Róheim, 1945, Héroes fálicos y símbolos maternales en la mitología australiana), perfecta ilustración del principio de placer freudiano (" libre acceso a toda mujer juzgada deseable "). Sin embargo, los niños siguen maternados por su propia madre, los senos de las otras mujeres sirviendo más o menos de objetos transitorios (" de simple posada " diría Freud).

Frecuentemente los senos " primitivos " son objeto de tabú sexual, pertenecen al mundo de la dualidad madre-bebé, tocarlos durante el acto de amor es asimilado a veces a un incesto, por parte del amante. Devereux, sobre este punto, refiere que " los escrúpulos de las sociedades primitivas van a veces muy lejos. Entre los Mohaves, los hombres tienen prohibido besar los senos de sus parejas pues el coito se asimilaría entonces a un incesto " (Ethnopsychanalyse complémentariste, p, 219).

He aquí, muy brevemente resumida mi teoría de la " marsupialidad humana ". Volvamos ahora al caso de Cristóbal Colón.

 

¿ QUE HACE CORRER LOS GRANDES EXPLORADORES ?

Quizás Vdes. esperan ahora que yo les diga que Cristóbal Colón no ha descubierto, inconscientemente, más que los senos de su madre. O que quizás buscaba a huirlos lo más lejos posible. Sé muy bien que Freud ha logrado hacer una psicoanálisis póstuma de Leonardo de Vinci, pero yo no soy un Freud, y necesitaría oír en mi diván los fantasmas de Colón vivo, antes de atreverme a proponer a Vdes. este tipo de interpretación. He evocado en mi texto de 1986 la asombrosa seguridad de Colón que le permitió, durante el Primer Viaje, hacer proa siempre adelante, hacia el vacío y la muerte según todos aquellos que creían la tierra plana, seguridad que han admirado todos, o casi, los que han tratado, aun que fuera superficialmente, este tema. Me parece que esta impresionante seguridad no fue posible, más que apoyándose en la certeza inconsciente de una gran redondez fundamental y benévola, indestructible seguridad adquirida en el kolpos marsupial de su madre, o de su nodriza, o de cualquier otra mujer que haya interpretado el papel tutelar en su primera infancia. Y me impresiona el hecho que Colón, en lo alto de su gloria, comparaba, en su carta exaltada, la Tierra al seno de una mujer. Y cuando la fortuna le volvió la espalda escribirá otra carta, lamentándose esta vez, pero dirigida a una nodriza (Carta a la Nodriza de Don Juan de Castilla, 1500).

La etimología del Amazonas, la selva tropical sudamericana, parece también bastante extravagante : Los conquistadores españoles viendo los Indios de largas cabelleras atacarles con flechas o cerbatanas, decidieron que eran atacados por mujeres — mujeres visiblemente desprovistas de senos y que no podían ser más que Amazonas. Aquí lo maravilloso es coherente con las creencias de aquella época en la existencia de seres extraordinarios por su anatomía, en monstruos marinos o subterráneos, en la búsqueda del Paraíso Terrenal o por lo menos de El Dorado. Lo que buscaban esos aventureros eran los límites de la realidad tal se concebía entonces.

Así pues, los extraordinarios senos de las mujeres han representado un relativo papel en la extraordinaria historia del descubrimiento de América, pasando de la eufórica crisis maníaca que provoca todo gran descubrimiento y que inconscientemente se basa en la ilusión del volverse a encontrar con el objeto arcaico (los senos benevolentes del kolpos), a la necesaria desilusión del " principio de realidad " durante la durísima exploración de la selva, donde apareció esta fantasía amazónica de un lugar donde las mujeres tenían flechas en vez de senos.

Quizás pueda decirse, para terminar, que estas grandes exploraciones no fueron posibles más que en las cercanías del Renacimiento, que vió la rehabilitación de la Antigüedad contra el Medioevo, no solo sobre el terreno de las ideas científicas sino también en el del deseo libidinal : El seno demasiado hermoso era estigmatizado por la Inquisición, siendo motivo de culpable gozo de la carne. Prueba de ello las estatuas de Evas románicas, con senos ya colgantes anteriormente al asunto de la manzana y de la serpiente, teniendo en cuenta que, según la Biblia, Eva, en los principios del Paraíso, no podía ser más que una espléndida mujer joven. La redondez, triunfante en el Renacimiento, del seno juvenil de las Afroditas griegas nuevamente encontradas, iba, por sobredeterminación, en el mismo sentido que la ley de la gravedad al origen de la redondez terrestre real. La redondez de las manzanas, de los senos o de los planetas tiene finalmente las mismas causas físicas. La época de Colón llegaba a madurez para la entronización social, como teoría, de su " delirio de redondez ".

Esto nos lleva finalmente a la estrecha relación entre la teoría y el delirio, en el sentido clínico, lo cual es desde hace tiempo un lugar común psicoanalítico, así como el tema de la " fantasía científica " apreciado por Freud y por Ferenczi, mucho antes de ser teorizado por Paul Feyerabend. Un delirio no es, ni más ni menos, que una teoría tocando una realidad psíquica tan individual que no la comparte nadie. Una teoría dominante no es sino un delirio que ha tenido éxito, que ha sido socialmente admitido. Y Colón que era delirante y creyendo que la tierra era redonda cuando todo el mundo sabia que era plana, se hizo teórico demostrando la superioridad de su delirio de redondez frente a la sagrada planicie del delirio oficial. Me parece que, por añadidura, habiendo abordado el tema de los senos de las mujeres, Colón bien pudiera haber sido un explorador aún más clarividente que lo que se cree.

 

 


  accueil

_publications

_textes en ligne

_liens

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 






















1- Cristóbal Colón, textos y documentos completos, Consuelo Varela, Alianza Universidad, Madrid 1982 : " Relación del Tercer Viaje (1498) ", p.213-219.

2- Georges Devereux, continuador del pionero Róheim y fundador verdadero del etnopsicoanálisis actual, apreciaba rodearse por la amistad de numerosos estudiantes, y desde 1969 tuve el privilegio de ser uno de sus amigos bastante íntimos, mucho más que su "discípulo".

3- Cf. Manuel Periáñez, 1986, " Un sein ou deux ", Le Coq-héron n°99, pp.15-41, y 1998 : " Pourquoi les femmes ont-elles des seins ", actualización de las hipótesis de 1986 y resumen de la teoría de la marsupialidad humana (TMH).